Hace unos días viajamos con unos amigos al País Vasco. Todos estudiantes, todos casados y todos chilenos, seremos un prototipo? La Isa y Rafa, Sophie y Jorge, Romina y Marcelo, y nosotros, los de siempre.
El viaje estuvo buenísimo… arrendamos un auto entre todos y la Sophie se consiguió un segundo auto con los papás, que viven viven en verano! la mitad del año en Chile y la otra mitad en Catalunya Que suerte!!!
Partimos al alba un sábado en la mañana, rumbo a Pamplona, la tierra de las corridas de San Fermín. Llegamos ahí alrededor de las 13:30 hrs., dejamos el auto estacionado y nos fuimos a recorrer la ciudad… que es preciosa y aprovechamos de pasear un par de horas, con una lluvia torrencial a ratos. Estuvimos caminando por la calle del encierro de toros y nos imaginamos lo impresionante que debe ser, porque es una calle angosta, donde una manada de toros y mucha gente deben caber bien apretados!
Bueno, la verdad es que no nos agradan nada las corridas de toro, como dice Ska-p “una asquerosa tradición, un individuo, vestido de payaso tortura y martiriza hasta la muerte a un animal…”. Llegamos caminando hasta el final del camino, hasta la plaza de toros, que estaba cerrada, pero la Berni hizo una pequeña recreación..! Luego partimos a recorrer la muralla de la ciudad, con un paseo peatonal precioso.
Después de estar un par de horas por ahí paseando… pero al llegar al estacionamiento, nos dios cuenta que faltaba un pequeño detalle… EL AUTO NO ESTABA…. Mil rollos, primero, dudamos si era el lugar que lo habíamos dejado, pero no, la segunda alternativa era terrible! nos habían robado el auto que arrendamos… Intentando “que no panda en cúnico”, empezamos a preguntar a la gente donde estaba la policía para hacer la denuncia y otra sorpresa, la respuesta era “¿por qué, que les pasó? – “Al parecer nos robaron el auto” – y ellos, como si fuera lo más común del mundo, respondían “tiene que haber sido la grúa”. Tenñia que ser la grúa, todos lo sabían! Uf, por un lado felices que no se lo hayan robado, y por otro rogando que sacarlo del depósito fuera fácil, porque si no el viaje moría.
Nos fuimos caminando “todo recto” porque esa es la forma de encontrar cualquier cosa en España… y mientras preguntábamos cómo llegar, nos íbamos dando cuenta que era “pan de cada día”. HASTA SE SABÍAN DE MEMORIA EL TELÉFONO… ja ja ja. Bueno finalmente llegamos y tuvimos que pagar por la grúa y el parte por mal estacionado, que no estaba bien señalizado, pero bueno, nada que decir si queríamos sacar el auto… Nos fuimos aliviados de poder seguir el viaje y de contribuir a las arcas de la municipalidad de Pamplona, que jamás la olvidaremos.
En la tarde llegamos a San Sebastián, dejamos las cosas en el hostal y nos fuimos a recorrer las playas por la rambla de San Sebastián, que no dejaba de sorprendernos. Conocer una ciudad donde todo está pensado para el peatón es absolutamente agradable, con un paisaje precioso, casas muy lindas, pasando por afuera de un palacio (Santa Cristina), llegamos al final, al sector donde está la escultura de Chillita, muy buena y muy famosas en la ciudad. Ahí donde descansamos un buen rato y después volver, ir a comer algo, y por supuesto, unas cervezas cerca de la casa para recorrer las travesías del día.
Al otro día partimos temprano a recorrer la costa vasca y parar llegar a Bilbao a conocer el Guggenheim….
Impresionante la Costa Vasca, una cantidad de pueblos perdidos, todos preciosos. San Sebastián era un lugar de veraneo de los antiguos reyes y aristocracia vasca, cuando aún no estaban sometidos a España, entonces todo era espectacular, todo impecable, calles preciosas, rambla bordeando el mar, el palacio a los pies de la playa y todo muy verde, porque llueve casi todo el año.
Anduvimos en auto un par de horas, hasta llegar a Bilbao, una ciudad simple, antigua y que no tiene nada parecido a San Sebastián. Bilbao es más oscuro, pero lindo. Lo más espectacular sin duda es el Guggenheim…. Increíble el museo, para estar recorriéndolo un día entero, porque es gigante, con muchas exposiciones e instalaciones. Tiene una impresionante arquitectura, que fue pensada como una obra de arte en si misma, diseñada para integrarse al río de la ciudad y con esto a la ciudad misma con el puente que lo cruza, generando una sensación que todo está absolutamente relacionado. Bueno y eso es sólo por fuera, porque por dentro WOW la experiencia crece mucho más… paseamos por casi todo el interior, desde exposiciones e instalaciones d e nuevos artistas, hasta obras de los clásicos de todos los tiempos, como Dalí, Magritte, que tenía una obra buenísima, hasta Matta estaba ahí con un par de cuadros.
No nos queríamos ir, sentíamos que teníamos para más de las horas que estuvimos dentro, pero bueno, había que seguir el camino, así que después de salir del museo, nos fuimos a caminar y recorrer por las calles de Bilbao un rato, paseamos por lugares muy lindos y decidimos partir de vuelta por la costa vasca a San Sebastián para alcanzar a pasar a algunos pueblitos muy choros que habíamos visto, y pasar a visitar una ermita en la mitad del camino muy recomendada.
Llegamos a la ermita, y estaba todo muy nublado, la ermita que estaba en lo alto de una gran roca a un par de metros del mar, pero conectada por un puente de peatón, no se veía nada. Empezamos a subir por las escaleras camino a ella, y se despejó, pudiendo disfrutar del lugar, que tenía una mística y una vistas espectaculares.
Lamentablemente a la ermita sólo llegamos Marcelo, Romina y Nosotros, ya que los demás que andaban en el otro auto no encontraron el camino. No era nada fácil llegar, la señalización, por única vez, no era buena, y después que se dieron varias vueltas buscándolo, decidieron partir directo a Bilbao.
Nosotros, que sólo queríamos pasear y conocer, decidimos irnos recorriendo lo más posible por la costa vasca, y para en cada pueblo que nos parecía se lo merecía, que en verdad eran casi todos : ), es muy raro, pero pueblos en que no deben haber vivido más de 100 personas, tenía una infraestructura heavy, con unos puentes (en diseño y arquitectura) que cruzaban cada entrada de mar o río que ya lo quisieran muchas ciudades.
Al final ya de vuelta a San Sebastián, llegamos al hostal a comer una Lasagna buenísima que la Sophie había preparado. Conversamos, disfrutamos de una comida rica, repusimos fuerzas y salimos a pasear un rato para aprovechar la última noche ahí.
Al otro día, nos levantamos temprano, para alcanzar de recorrer algunos lugares de San Sebastián que no habíamos conocimos. Partimos a subir un cerro que está al costado de la ciudad, con unos senderos muy choros, y que en la cumbre tiene un museo vasco, donde un viejito que atendía en la entrada, embalado, nos contó de la historia del País Vasco…. muy buena, interesante. La gente en el País Vasco tiene un desarrollo cultural muy fuerte y muy apasionado.
Estuvimos caminando por el cerro un buen rato y bajamos para ir a buscar el auto, comprar algo para comer en el camino y volver a Barcelona. Pero el camino no estuvo excento de paisajes muy lindos, de hecho casi en la mitad del camino, el clima estaba muy rato, hacia delante del auto, se veía un día despejado, para un costa una tormenta eléctrica, para el contrario mucho sol y para atrás abochornado… muy extraño, casi sacábamos la mano por un lado de la ventana y llovía y por el otro no.
Finalmente llegamos a Barcelona, Marcelo y la Romina, nos dejaron en la casa y siguieron rumbo a la suya.


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